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13 de agosto de 2013

Sonaba jazz en aquel motel (II)

El rubor de tus mejillas
es la clave para entenderte. 
La luz tenue 
que te desdibuja en la pared del comedor.

El ventilador girando, 
tu pelo acompasado, bailando, desenvuelto.
Como las cintas de un regalo, 
por abrir. 

Sonaba jazz, 
mientras el agua recorría tu vientre, 
bajaba por tu cadera sin pedir permiso, 
se materializaba hasta tus muslos, 
me descubrí carnívoro. 

Aquel cuarto día de primavera, 
la ciudad a tus pies, 
el mundo en un retrovisor. 
Las farolas reprochándote el porque, 
siempre nos quedará París en la mano. 

Tu voz se desnudó, 
había llegado la hora de la despedida. 
Tan sólo un aeropuerto entre los dos. 
Un viaje lleno de sentimiento. 

Y miento, si te digo que te olvidé. 
(aún lo hago)

20 de marzo de 2013

Sonaba jazz en aquel motel (I)

Consigo imaginarte a mi lado
cuando no estás. 
Es como si la noche fuese París, 
y la tengo guardada bajo candado. 

Ni siquiera sé, cuando aprendí a devolverte allí.
Cuando conseguí dibujarte con traje,
sobre le Bateau Rouge. Tú y el Sena, 
y mis pupilas dilatándose. 

Esperaba un lugar donde pudiera tomar algo tuyo;
una carícia ardiendo en mitad de tu pecho,
una explosión, un rubor, un límite. 

Te vi leyendo una revista,
"en donde te espero, sólo tu cabes"-escribiste.
No te preocupes, la luna hoy nos atrapará, 
y tú, niño grande, 
te acordarás de abrigarme antes de irte. 

Cuidado! No te alejes,
enlázate conmigo y saltemos. 
Planifiquemos encuentros invernales.
Llueve aquí,
mi habitación nos dará cobijo.

A lo lejos, Mr. Pompidou te saluda. 

16 de febrero de 2013

Medianoche

Antes cuando no tenía pareja creía que el amor era diferente. Todos idealizamos las cosas, según lo que escuchamos o vemos en películas y canciones o leemos en libros. Según lo que nos cuentan nuestros amigos o los amigos de éstos. Y como en el amor todo y nada está escrito, lo hacemos continuamente. Lo dibujamos como algo mágico, de color rojo o incluso rosa, como lo mejor del mundo, como cosquillas en la espalda o sábados interminables en la cama. Pensamos en un posible acompañante para el cine o para aquel concierto que siempre hemos querido ir, pensamos como alguien a quien cogerle de la mano por la calle, en alguien para estar ocupados. Queremos que todas aquellas cosas que alguna vez hemos oído se cumplan. Y si no lo hacen de la manera que habíamos predispuesto, de antemano, nos sentimos lastimados, heridos, decepcionados. Y yo, a veces, la primera. 
A veces, no entiendo como puedes querer tanto a alguien y que a la vez te resulte incomprensible porque sigues pensando que quizás eso es demasiado. Sentir que a veces, tu das más de lo que recibes o que necesitas recibir mucho más. Que necesitas sentir que lo eres todo para esa persona. Que necesitas que piense en ti de muchas formas distintas. Que te invite a ese concierto que quieres ir, o que un dia cualquiera te sorprenda. Que te pregunte que tal la cena que tenías o que te desee suerte para la entrevista de trabajo que le dijiste que tenías hace días. Quizás querer idealizar un poco lo vuestro. ¿Qué puede haber de malo? 
No sé tal vez, es que cuando se habla de ser diferentes se quiere llegar a este punto. Al punto en que uno siempre quiere más que el otro. Al punto, en que  a veces, sientes que estás perdida y no sabes cuál es la respuesta. 
El amor mueve el mundo. El amor a lo que sea. Es una fuerza, importante. Todos nos sentimos atrapados por alguna clase de amor. Lo mejor es el amor a otro. A alguien que te complementa y te aporta cosas nuevas cada día. Que está a tu lado y lo sientes. En el que confías. Aunque a veces creas o te sientas herido por no ser todo como tu te habías imaginado. Porque la realidad siempre duele. 

2 de febrero de 2010

hay una brújula debajo del colchón y que se yo!

Creo que he hecho el viaje más largo nunca contado.
Que he conocido a valientes que escriben canciones que me hacen sonreír.
Que me he enamorado con un libro debajo del nórdico de la cama. Que he querido ser el canta autor que ilumina las fantasías de los que nunca temen.
Que he cantado nanas debajo de la luna y he vaciado mi alma para que por las noches me se más fácil olvidar besos con a sabor a miel.


Me he prohibido inventarte de nuevo para que cuentes conmigo los meses del año.
Que creo, que he visto demasiadas luces en este sombrío día.
Que se me calan las botas si suspiras, por no llevar chubasquero que proteja tantos sentimientos.
Que si mi mano es un pincel, píntame de azul las arterias por donde se canalicen mis deseos.
Y que tus dudas se tiñan de blanco nieve y desaparezcan bajo un manto de puntos chispeantes.
Que tu boca sea el cajón del olvido y que el whisky que se esconde por tu garganta se duerma entre estrofas de poesía.

Le he prohibido a mis ojos que te confundan entre la multitud.
Que se ahoguen tus sollozos entre lágrimas tatuadas en mi espalda.
Que he cantado canciones que no conozco, he conocido personas que no importan y...
Quiero gritarte que ahora está sonando una vieja canción en mi emepetrés, que ni siquiera se tararear.
Que dice que eres un tonto por alejarte de todo. Y que sólo quiere que vuelvas cuando toques mi alma cuando estés lejos.
....y que este es el viaje fantástico del que nunca te hablaré.

25 de enero de 2009

Te desnudas. Te quitas esa carcasa exterior que tanto te pesa. Te liberas.
Aparentar ser lo que no eres durante una mañana está bien, llegas incluso a su grado máximo de excitación; pero hacerlo durante 24 horas pesa, acaba con tu paciencia. Pero es tu trabajo, es a lo que te dedicas. A fingir. Intentas venderles a todos esos pusilánimes que tu eres la mejor, que tu compañía es la mejor. Y para eso tienes que meterte en el papel de "la mejor". Llegar a casa y ver que no hay nadie en ella deprime. Finges estar bien para los demás, finges no echarle de menos cuando te metes en la cama sola. Finges no importarte. Y recuerdas que para eso te pagan. Para vivir una mentira. Para levantarte por la mañana y acostarte por la noche creyendo que lo tuyo es de verdad pero en realidad no es más que una mentira muy gorda, que no sabes si puedes deshacer, ya.

Cuando aún os queriais, era diferente. Tu fingias por la mañana y le querías por la noche. Pero entonces, él empezó a fingir ( eso se contagia); a fingir que te quería, a hacerte regalos caros sólo para demostrarlo, pero su corazón le decía que ya no podía seguir fingiendo más y se fue.

Y tú, hoy, aunque estés desnuda frente al espejo, sigues fingiendo que no te importa nada. Pero no puedes más. Quizás hoy es el día para empezar a dejar de hacerlo. Mientras te metes en la ducha y el agua te quita todo aquello que has pintado por encima, todas las mentiras que te has creído días tras día. Estás destrozada. Lloras. Pero el dolor sigue ahí. Sólo tú, eres consciente del daño que te has hecho.


17 de enero de 2009

El sitio de mi recreo

Los viernes por la tarde me gustan, porque viene Julia a visitarme, y nos inventamos historias interespaciales, de planetas imaginarios y soñamos con pintarle una sonrisa a la luna.Y le hacemos cosquillas al sol, para que venga a visitarnos al atardecer y para que no se vaya corriendo y se nos apaguen los ojos. Para encender una hoguera alrededor y soplarle las ganas a la lluvia y empaparnos de recuerdos. Y después viene Pablito, y jugamos a hacernos mayores y cantamos canciones de los beatles y predicamos la paz y el amor, nos vestimos como hippies y miramos las pelis del plus de dibus. Salimos al jardín y saludamos a las estrellas para que nos iluminen de noche. Y al final del juego, creamos purpurina de color oro y nos la tiramos encima, saltamos de cama en cama y nos visita peter pan, e imaginamos que estamos en el país de nunca jamás y que somos Wendy ( pero x dos). Y que nos rescata de la soledad y nos lleva de la mano a un país que inventamos, y lo pintamos con colores brillantes para que pueda verse a lo lejos des de mi habitación... y que al cerrar los ojos no desaparezca.











-Y al final decir muy muy bajito que echo de menos los lunes.
*(porque los lunes peter pan vuelve con amigos).