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13 de agosto de 2013

Sonaba jazz en aquel motel (II)

El rubor de tus mejillas
es la clave para entenderte. 
La luz tenue 
que te desdibuja en la pared del comedor.

El ventilador girando, 
tu pelo acompasado, bailando, desenvuelto.
Como las cintas de un regalo, 
por abrir. 

Sonaba jazz, 
mientras el agua recorría tu vientre, 
bajaba por tu cadera sin pedir permiso, 
se materializaba hasta tus muslos, 
me descubrí carnívoro. 

Aquel cuarto día de primavera, 
la ciudad a tus pies, 
el mundo en un retrovisor. 
Las farolas reprochándote el porque, 
siempre nos quedará París en la mano. 

Tu voz se desnudó, 
había llegado la hora de la despedida. 
Tan sólo un aeropuerto entre los dos. 
Un viaje lleno de sentimiento. 

Y miento, si te digo que te olvidé. 
(aún lo hago)

10 de abril de 2013

Un hombre solo

Hay un hombre en el edificio de delante. Tiene la luz abierta y se ha quedado perpetuo mirando a la nada, puede que a la belleza que nos regala el patio que compartimos. Ahora me ha mirado, o eso ha parecido, seguro que puede ver la tristeza que se esconde en mis ojos, las lágrimas apunto de caer, el rubor de mis mejillas y la soledad que me habita. Lo que no sabe, es lo que escondo, unas ganas fuertes como su mirada de salir corriendo y dejarlo todo. Huir. Cambiarme el peinado, teñirme de pelirroja, coger lo más importante y no despedirme de nadie. No sirve de nada despedirse, sólo enlentece el período del adiós. Sólo sirve para tener que dar explicaciones y no quiero dar explicaciones. Tampoco sirve de nada, a veces, dar tu opinión. Así que mejor no la pongo. Hay plaza para alguien más, quien quiera venir que coja su valentía y la meta en el mismo saco que he creado yo. 
Ahora, ha cerrado la luz. La habitación se ha reducido a la oscuridad, a la misma, que lleva sumida mi alma desde hace unos días, a un duro letargo del que no la dejo salir. Ha caído la rabia sobre mi, y no quiero que me abandone, le he hecho un hueco en mi corazón y de momento parece que está calentita. A veces, debo pagar el precio de que se apodere un poco de mi cabeza, también. Sobretodo, algunos atardeceres. 
Parece que el señor no va a volver, ha bajado la persiana de la oficina. Es tarde para trabajar supongo. Lo sabría, si lo hiciese. Supongo, que es algo que pasará en un futuro, no se si próximo o qué. Tal vez, debería apagar yo también la luz y sumergirme en el mundo de mi habitación. 

20 de marzo de 2013

Sonaba jazz en aquel motel (I)

Consigo imaginarte a mi lado
cuando no estás. 
Es como si la noche fuese París, 
y la tengo guardada bajo candado. 

Ni siquiera sé, cuando aprendí a devolverte allí.
Cuando conseguí dibujarte con traje,
sobre le Bateau Rouge. Tú y el Sena, 
y mis pupilas dilatándose. 

Esperaba un lugar donde pudiera tomar algo tuyo;
una carícia ardiendo en mitad de tu pecho,
una explosión, un rubor, un límite. 

Te vi leyendo una revista,
"en donde te espero, sólo tu cabes"-escribiste.
No te preocupes, la luna hoy nos atrapará, 
y tú, niño grande, 
te acordarás de abrigarme antes de irte. 

Cuidado! No te alejes,
enlázate conmigo y saltemos. 
Planifiquemos encuentros invernales.
Llueve aquí,
mi habitación nos dará cobijo.

A lo lejos, Mr. Pompidou te saluda. 

2 de febrero de 2010

hay una brújula debajo del colchón y que se yo!

Creo que he hecho el viaje más largo nunca contado.
Que he conocido a valientes que escriben canciones que me hacen sonreír.
Que me he enamorado con un libro debajo del nórdico de la cama. Que he querido ser el canta autor que ilumina las fantasías de los que nunca temen.
Que he cantado nanas debajo de la luna y he vaciado mi alma para que por las noches me se más fácil olvidar besos con a sabor a miel.


Me he prohibido inventarte de nuevo para que cuentes conmigo los meses del año.
Que creo, que he visto demasiadas luces en este sombrío día.
Que se me calan las botas si suspiras, por no llevar chubasquero que proteja tantos sentimientos.
Que si mi mano es un pincel, píntame de azul las arterias por donde se canalicen mis deseos.
Y que tus dudas se tiñan de blanco nieve y desaparezcan bajo un manto de puntos chispeantes.
Que tu boca sea el cajón del olvido y que el whisky que se esconde por tu garganta se duerma entre estrofas de poesía.

Le he prohibido a mis ojos que te confundan entre la multitud.
Que se ahoguen tus sollozos entre lágrimas tatuadas en mi espalda.
Que he cantado canciones que no conozco, he conocido personas que no importan y...
Quiero gritarte que ahora está sonando una vieja canción en mi emepetrés, que ni siquiera se tararear.
Que dice que eres un tonto por alejarte de todo. Y que sólo quiere que vuelvas cuando toques mi alma cuando estés lejos.
....y que este es el viaje fantástico del que nunca te hablaré.

23 de noviembre de 2009

Cuéntame de que color es el mapa que no dibujaste*

Separarse.
Hacía años que no se encontraban.
Era raro. Una llamada por la noche que pedía a gritos una oportunidad.
Tenía tiempo. Le sobraban motivos.
Corría y corría. Todas las calles estaban cortadas.
Un gran concierto, una nueva salida.
Muchos problemas, pocas explicaciones.
Y un sólo motivo, para tanto.
Una sola persona, para otra.
En realidad, sólo había dicho que sí, para ignorar el resto de problemas.
Sólo lo había dicho para tener algo más que hacer.
Y sin quererlo, se había obligado a mentirse.
Había hecho una lista con todos los puntos por tratar.
Para intentar volar y encontrarse en otro lugar.
Para no abandonarse, borrando las palabras que duelan.
Conducir por autopistas desiertas, descubrir las horas perdidas.
Volver atrás por sus talones, encontrarse entre laberintos de surtidores.
Donde no existan las palabras, donde los segundos sobren. Donde los abrazos
estén prohibidos. Que los recuerdos suenen a estrofas marchitas.
Contarnos historias. Coartadas que sacrifiquen este corazón.
Había tenido que decirle que a las once en casa.
Que su vida había pasado, como una única canción en el reproductor.
Como un casette viejo, guardado en un diario de viaje.
Y un sillón acostado al lado de una cama vacía.
Unas sábanas que vislumbren estos huesos que corren, hoy.
Decirle que su voz sonaba igual, que la última vez que se despidieron en el muelle.
Que habían pasado años. Y almuerzos en la zona vip de aquel restaurante.
Y torceduras. Y lágrimas. Había dado alcance a veleros náufragos.
A cosas que suenan a "por qué no fuiste feliz"?
4 centímetros. Y muchas vueltas para llegar.
2 quilómetros que disparan justo al centro.
Entre yo y tú.
Y entonces te gustará contarme que lo has olvidado,
que no sabes porque me llamaste.
Y yo te contaré que me espera alguien en casa,
que el agua se asoma entre su piel y que sabe preparar café.
y empezarás a tartamudear, y recordarás todas las veces
que me miraste a los ojos y sentiste que me habías perdido.
Y nacerán dibujos, colores que inventarás y entonces me contarás
tus miedos. Y yo gritaré por dentro.
Correré lejos de aquí, te observaré des de la acera de enfrente.
La niña de los ojos verdes y el globo en la mano te saludará.
Y entonces, tú volverás a ser ese extraño que llamó un día a casa.
Y yo volveré a ser aquella chica de mirada triste que se subió al primer tranvía que cruzó la calle. Destino, ningún lugar.
Los recuerdos se olvidarán, se perderán.
Despertaremos del sueño y sólo habrán callejones sin salida,
que nos muestren que nunca hubo razón para permanecer quietos.
Un cigarrillo asoma entre tanto papel.
Recordar aquella vieja historia, coger un lápiz y un cuaderno y encontrar todos los sinónimos del mundo que puedan descifrar tanta parafernalia envuelta en cientos de sílabas.
Las mismas que esta canción.

25 de enero de 2009

Te desnudas. Te quitas esa carcasa exterior que tanto te pesa. Te liberas.
Aparentar ser lo que no eres durante una mañana está bien, llegas incluso a su grado máximo de excitación; pero hacerlo durante 24 horas pesa, acaba con tu paciencia. Pero es tu trabajo, es a lo que te dedicas. A fingir. Intentas venderles a todos esos pusilánimes que tu eres la mejor, que tu compañía es la mejor. Y para eso tienes que meterte en el papel de "la mejor". Llegar a casa y ver que no hay nadie en ella deprime. Finges estar bien para los demás, finges no echarle de menos cuando te metes en la cama sola. Finges no importarte. Y recuerdas que para eso te pagan. Para vivir una mentira. Para levantarte por la mañana y acostarte por la noche creyendo que lo tuyo es de verdad pero en realidad no es más que una mentira muy gorda, que no sabes si puedes deshacer, ya.

Cuando aún os queriais, era diferente. Tu fingias por la mañana y le querías por la noche. Pero entonces, él empezó a fingir ( eso se contagia); a fingir que te quería, a hacerte regalos caros sólo para demostrarlo, pero su corazón le decía que ya no podía seguir fingiendo más y se fue.

Y tú, hoy, aunque estés desnuda frente al espejo, sigues fingiendo que no te importa nada. Pero no puedes más. Quizás hoy es el día para empezar a dejar de hacerlo. Mientras te metes en la ducha y el agua te quita todo aquello que has pintado por encima, todas las mentiras que te has creído días tras día. Estás destrozada. Lloras. Pero el dolor sigue ahí. Sólo tú, eres consciente del daño que te has hecho.


17 de enero de 2009

El sitio de mi recreo

Los viernes por la tarde me gustan, porque viene Julia a visitarme, y nos inventamos historias interespaciales, de planetas imaginarios y soñamos con pintarle una sonrisa a la luna.Y le hacemos cosquillas al sol, para que venga a visitarnos al atardecer y para que no se vaya corriendo y se nos apaguen los ojos. Para encender una hoguera alrededor y soplarle las ganas a la lluvia y empaparnos de recuerdos. Y después viene Pablito, y jugamos a hacernos mayores y cantamos canciones de los beatles y predicamos la paz y el amor, nos vestimos como hippies y miramos las pelis del plus de dibus. Salimos al jardín y saludamos a las estrellas para que nos iluminen de noche. Y al final del juego, creamos purpurina de color oro y nos la tiramos encima, saltamos de cama en cama y nos visita peter pan, e imaginamos que estamos en el país de nunca jamás y que somos Wendy ( pero x dos). Y que nos rescata de la soledad y nos lleva de la mano a un país que inventamos, y lo pintamos con colores brillantes para que pueda verse a lo lejos des de mi habitación... y que al cerrar los ojos no desaparezca.











-Y al final decir muy muy bajito que echo de menos los lunes.
*(porque los lunes peter pan vuelve con amigos).